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lunes, 17 de agosto de 2015

EL DISCURSO DE LA CONVICCIÓN EN ESTOS TIEMPOS DE SEQUÍA DEMOCRÁTICA, EMBALSADA EN LAS CUENTAS DE LOS ACREEDORES.

Imagen de internet, de “Blu”, street artist . Creative Commons

DE LA REAL – POLITIK A LA REALIDAD POLÍTICA.

Denunciar deuda, ganar deuda. (Karate Kid style) :)


Estos días de cierto descanso y semidesconexión me reencuentro con muchas personas que quiero, añoro y que respeto muchísimo, desde hace ya mucho tiempo.

Me siento contento con los reencuentros. Y de debatir con personas con las que no suelo hacerlo.

Es muy enriquecedor abrir los enfoques, contrastar con distintos matices e incluso romper con vehemencia cuando parece que el hilo se escapa de las cuestiones que algunos consideramos fundamentales: cuál sería la mejor manera discursiva para conformar una mayoría de cambio, de cuáles las personas más adecuadas, la confianza política tanto en los modelos de delegación como en los de participación, capacidad de actuación, medios de comunicación, participación en la acción directa, qué actitudes tomar para dirigirnos a las clases dominantes, cuáles las formas de cohesión del inmenso precariado... ¿clase obrera? ¿los de arriba y los de abajo? ¿claridad en los posicionamientos sin entregar las claves de acción a los enemigos de la mayoría?

En mi pensamiento y acción está últimamente una máxima, que es una vuelta a los orígenes, (algo que también se está poniendo encima de la mesa este verano con motivo de las candidaturas de unidad popular, la vuelta al ADN de Podemos), y es la de “no hay democracia si gobiernan los mercados”.

Es el ejemplo griego el que se está convirtiendo en el contraejemplo para la democracia en Europa. Han sido dos de los instrumentos de la democracia al uso en occidente los que han quedado machacados completamente en sólo 6 meses:
  • elecciones generales al parlamento, democracia delegada, con un gobierno que afirmaba, entre otras cosas, que no pagaría una deuda ilegítima, y
  • el referendum como expresión concreta de la mayoría de la voluntad popular.

La firma final y la claudicación del presidente del gobierno griego, Tsipras, han dejado desarmados los discursos de recuperar la democracia, la economía y la soberanía.

Se ha visto la mano más dura del robo armado a través de las estrategias de los acreedores en el gran casino del mundo, de los que se llaman mercados financieros, riesgo país, las primas y los beneficios puramente % han dejado clara una visión: no será suficiente con tener representación, habrá que tener una capacidad movilizadora y de persistencia en la construcción colectiva que dure varios años.

Tenemos no sólo una ventana de oportunidad que mantener abierta, sino todo un edificio por construir, cual bastión anti-crakers de la democracia real y efectiva. Esa ventana ya ha quedado en la planta más baja del edificio. Y los cimientos no se hacen esperar.

Considero profundamente que hay que poner todo este análisis blanco sobre negro en todas nuestras intervenciones. Creo que hay que aprovechar la permeabilidad política que tiene una amplia mayoría social para escuchar nuestras convicciones y verdades más profundas, aquellas que permitan movilizar más allá del voto. Avanzando y reforzando cada paso dado.

Hablar de pérdida real y riesgo democrático desde la raíz a todas las personas. Hay que transmitir claramente que la ilusión por el cambio no es un proceso de meses y que hay muchos retrocesos. Que las fuerzas neoliberales europeas han reaccionado mucho y “bien” en los últimos meses y han marcado muy mucho cuáles son los espacios de “permisividad”. Audacia, desobediencia y lealtad a los proyectos.

Un fantasma recorre europa y ha tomado cuerpo como una estatua helena en el olimpo de los mercados: la democracia será lo que en piedra han tallado a martillo y cincel, Merkel la cabeza visible.

Es nuestra responsabilidad convertir en sal esa estatua, vergüenza de Atenas, y regarla con agua fresca y contundente … salmuera a la troika; sal, muera la troika. Y agua, mucha agua. ¿Desendeudar? ¿Desbordar? ¡¡¡Claro que Inundaremos!!!

El agua y la sal. Mareas del Sur.

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